Palacio Mecanical de Lord Erebus de Constructia Nivel -3

Palacio Mecanical de Lord Erebus de Constructia Nivel -3

Lord Erebus es quizás uno de los más infaustos miembros de la clase noble de Constructia, la ciudad mecánica de Black Hamer.

La Ciudad de las Máquinas es única por sus constructos, sus habitantes forjados únicos y sus golems. En ella, las artes mecánicas han alcanzado la cúspide de las capacidades, y las máquinas inteligentes, forjados y magos mecánicos han refinado una cultura increíble y maravillosa, no exenta de peligros.

La magia, las artes sacerdotales y los poderes psiónicos han desarrollado nuevas ramas de estas ciencias únicas y nunca vistas fuera de sus muros de acero móviles.

Los forjados de Piedra Illion, las tejerañas de mithril, los Constructos Colmena de Eledrasil, los golems de aire líquido en sus múltiples formas, los espíritus de mercurio, una raza de elementales únicos originarios de las minas bajo la ciudad.

Sin embargo, hay ramas de la ciencias mágicas que está absolutamente prohibidas en la ciudad, y su mero uso o estudio garantizan el rechazo del resto de los ciudadanos de Constructia.

Una de ellas es la nigromancia.

El arte de la magia de los muertos no es permitida en la ciudad, quizás por reminiscencias a un paado dominado por la Plaga, y recordado como si fuese ayer por las mentes mecánicas que rigen la ciudad.

Lord Erebus fue por ello apartado de la nobleza que gobierna la ciudad, y su grado de acceso a la Mentalidad Mecánica se redujo al descubrirse que flirteaba con esta prohibida ciencia.

Cuando sus planes secretos, de levantar un ejército de forjados no-muertos y crear un ejército reforzado por cuatro terribles máquinas necrogolems fue declarado objetivo del ritual llamado La Muerte Cálida, y condenado a morir fundido en las forjas del corazón de Constructia.

Sabedor de su destino, Erebus había planeado su salida de la ciudad en la siguiente caravana, y tras ocultarse durante años, logró salir de la ciudad e instalarse en la ciudad más cercana, donde continúa con sus experimentos.

Nadie se ha atrevido a profanar los sellos y cerraduras que guardan sus palacios. Terribles secretos aguardan ocultos en ellos.

Mientras, Erebus complota y refina sus poderes de Necromagia mecánica, edificando nuevos palacios en la cercana ciudad de Veterseda.

Este es uno de ellos, que podéis localizar bien en cualquiera de estas dos ciudades, o como una base secundaria de los sirvientes de Erebus en cualquiera otra, Seesa, Shu-Sulken…

La Guerra del Despertar

Grandes maravillas aguardan a los escasos visitantes que llegan a Constructia. “Una ciudad de grandes maravillas mecánicas, donde muchas veces las máquinas demuestran estar más vivas que los vivos que allí habitan”, así la describió un viajero llegado a Seesa.

Constructia no ha sido nunca uno de los destinos favoritos de los habitantes de las aisladas ciudades de Black Hammer, quienes, tras la llegada de los dragómadas, se lanzaron a conocer las incontables maravillas de las ciudades del mundo asediado por la Plaga.

Las torres élficas, las terribles magias de los kaeremitas, las espectaculares criaturas engendradas por el Pueblo de la Tenumbra, pero pocos parecieron interesarse por las mecánicas maravillas que recorrían las casi alienígenas calles de Constructia.

Con la llegada de las caravanas de lo dragómadas, llegaron también los rumores sobre los otros supervivientes dela Plaga. Pronto, extraños aterfactos mágicos comenzaron a circular, y hechiceros incréibles y sacerdotes de extraños dioses recorrtieron el mundo buscando más poder y comprensión de un mundo que creían limitado, y que se acaba de ensanchar de improviso.

Sin embargo, las extrañas descripciones de Constructia, sus incomprensibles objetos mágicos, y sus mecánicos habitantes no parecieron interesar a nadie, hasta la llamada Guerra del Despertar. Las noticias de un levantamiento masivo en la lejana ciudad de Iroistar cambió la opinión sobre esta ciudad en el resto del mundo.

En Iroistar, un pequeño grupúsculo de hechiceros milenarios controlaba al resto de la población, una multitudinaria masa de elfos, hombres y orcos que vivían hacinados cumpliendo todos los deseos de sus amos, los hechiceros que crearon la ciudad.

Sin embargo, los excesos de la minoría de hechiceros y nobles crearon un malestar creciente, contenido hasta ahora, pues los supervivientes de la ciudad creían que ése era su único modo de vida, y su única opción.

El descubrimiento de que había una salida a través de los dragómadas llevó a algunos de los esclavos a reunir las pocas riquezas que podían esconder y a huír ocultos en alguna caravana.

Con el tiempo, estos esclavos huídos regresaron a la ciudad en la que nacieron, repletos de riquezas. Algunos trajeron ideas de libertad y los relatos de lo que habían visto en otras ciudades. Y con ellos, llegó la rebelión.

Una marea de esclavos de varias razas, armados en secreto por sus patrocinadores, y reforzados por algunos mercenarios contratados para derribar las barreras mágicas, se lanzaron en masa contra los hechiceros opresores.

Una tras otra, las fuerzas de la guardia de élite de los hechiceros cayeron, y la victoria parecía alzarse del lado de los rebeldes. sin embargo, algo pasó. Los esclavos no habían sido los únicos que habían reforzados sus posiciones con artefactos y armas de las demás ciudades.

Paradójicamente, los grandes hechiceros, de huesos crujientes y piel apergaminada, creyeron apropiado confiar su última defensa a algo que no comprendían, las creaciones de Constructia. Mezcla de magia arcana, runas y alquimia mecánica, y de precisos conocimientos de fabricación, las máquinas de Constructia asombraron a los dirigentes de Iroistar, quienes decidieron “contratar” un regimiento de constructos de combate.

Cuando los esclavos llegaron a las puertas del recinto interior y sus improvisados arietes rompieron las labradas puertas de acero negro, un extraño sonido surgió del interior del refugio de los hechiceros, y un vapor aceitoso impregnó los pasillos y las salas.

Sin más aviso, las pesadas puertas de metal estallaron en mil pedazos, dispersándose como metralla e hiriendo y matando a gran cantidad de asaltantes. Con mecánica precisión, una oleada de máquinas impávidas fueron saliendo por la puerta desvencijada, y se alienaron perfectamente frente a ella.

Cuando la última de ellas ocupó su lugar en la formación un bufido escapó al unísono de las juntas de sus cuerpos, y un fuego rojo pareció iluminar su interior, al tiempo que se alzaban y se erguían para avanzar.

Lo de después es historia, la masacre fue sólo igualada por la cruel represión posterior, y la precisión milimétrica de las habilidades de combate de los constructos de élite de Constructia se ganó una reputación en todas la ciudades a las que huyeron los pocos esclavos que lograron escapar de la represión.

Y así Constructia entró a jugar en la liga de las ciudades de Black Hammer.

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